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Parte 8 de 10 · El que se sale de la fila

Despertar

2 min de lectura

Los momentos épicos de película en donde en cierto instante todo encaja a la perfección y las cosas se resuelven, son útiles y motivantes… para un sábado palomero.

La perra vida no es así y despertar es muy jodido, más cuando tienes incomodidad existencial, el despertar no es un rayo, no es un momento épico ni una decisión valiente que se cuenta con orgullo, no creo que sea así para nadie, para mí no lo fue, fue más incómodo que eso.

Es como la ceguera de taller, ver algo que ya estaba ahí… y que llevabas tiempo no pudiendo o evitando ver.

Durante años sostuve una vida que, funcionaba, pero desde hacía poco algo ya se había empezado a mover por dentro, no de forma caótica -por raro que parezca, el caos muchas veces agiliza esos procesos para renacer-, aquí era una especie de ruido constante que no alcanzaba a romper nada… pero que tampoco me dejaba en paz, solo jodía y jodía y jodía.

Como todos, al principio lo ignoré, después lo justifiqué y luego lo maquillé con trabajo.

Y como todas las cosas, eso funcionaba… hasta que dejó de funcionar.

El despertar no llegó con claridad fue más bien incomodidad, empecé a notar patrones, formas repetidas de responder, de decidir, de quedarme, estaba presente siempre en “desde dónde hacía las cosas”.

Pero lo más incómodo no fue ver eso, lo difícil es darte cuenta o reconocer que no era la primera vez, que ya lo había visto antes y que siempre encontraba una forma elegante de explicarlo para justificarlo y no hacer nada, ¡excusas pues!

“Así es la vida.”
“No es tan fácil.”
“No es el momento.”
“Hay que ser responsable.”

Frases correctas, útiles, pero que fácilmente se pueden volver un refugio, el refugio de la “inacción”.

Hasta que un jodido día deja de alcanzarte y ahí cambia todo, ¿Cambia? Sí, cambian, aunque ojo: el despertar no te da respuestas, solo te quita pretextos.

Te deja frente a una verdad simple: ya sabes.

Sabes que eso ya no te llena.
Sabes que estás operando por inercia.
Sabes que estás sosteniendo algo que ya no se sostiene solo.

Y aun así… sigues.

Ahí es donde el despertar pesa, no por lo que revela, sino por lo que ya no puedes negar.

Puedes seguir haciendo lo mismo, claro, nadie te obliga a cambiar, nadie te va a confrontar.

Pero ya no es igual, ya te jodiste, porque YA SABES.

El despertar no te saca de donde estás.
No te vuelve mejor, no te da dirección, solo te deja claro que, si sigues ahí, ya no es por falta de claridad.

Es elección.

Y ahora, ¿qué haces con eso?
Es tu pedo.
Pero hay algo seguro: ya no puedes decir que no sabías.