Parte 9 de 10 · El que se sale de la fila
Entender no sirve
Otra etapa especialmente tramposa en cualquier proceso de crecimiento o ruptura es: cuando ya entendiste un chingo… pero tu vida sigue exactamente igual. Ya sabes de dónde viene, ya identificaste el patrón, ya nombraste la herida, ya entendiste por qué aguantaste tanto, por qué dijiste que sí, por qué te traicionaste, por qué te dio miedo, por qué te vendiste… y aun así te sientes de la chingada por dentro y por fuera, nada cambia.
Cada día, te vuelves a levantar igual, te bañas igual, te vistes igual, respondes igual, sonríes igual, te sigues subiendo al mismo personaje, mismo traje, pero con la esperanza de que ahora sí, por haberlo entendido, porque ya sabes, porque eres chingón, algo cambie.
Pero no.
Por muy controversial que sea mi opinión, creo firmemente que entender no sirve tanto como uno quisiera, es solo una antesala.
Te da explicaciones.
Te da contexto.
Te da análisis.
Te entrega una narrativa preciosa… casi terapéutica.
Y mientras tanto tú sigues sin moverte un centímetro porque la conciencia, por sí sola, no transforma, solo ilumina y eso es lo cabrón: ya viste demasiado como para regresar a la ignorancia, pero todavía no lo suficiente como para cambiar tu vida.
Esa etapa es muy jodida.
Ya no soportas al personaje, pero todavía no nace la persona. Ya no eres el de antes, pero tampoco eres el nuevo. Te quedas en medio y ahora no puedes decir “no sabía”.
Y tu mente que antes te dio las explicaciones ahora empieza a justificar tu inmovilidad.
“Estoy en proceso.”
“Estoy integrando.”
“Estoy trabajando en mí.”
“Todavía no es el momento.”
“Necesito más claridad.”
No siempre es mentira… pero muchas veces sí es autoengaño con vocabulario premium, porque llegaste al punto en el que ya no te falta información.
Te falta huevos.
A mí me pasó.
Hubo una etapa en la que ya había entendido muchísimo de mí, mis patrones, mi relación con el dinero, mi miedo, mi necesidad de validación, mi manera de sostener estructuras ajenas mientras por dentro se me caía la propia.
Lo entendía todo… y seguía sin cruzar y eso desespera más que no entender nada, porque cuando no entiendes, al menos tienes el consuelo de la confusión, al menos en verdad eres pendejo, pero cuando ya entendiste y sigues ahí, no eres, te haces.
Por eso hoy lo digo así:
Entender no sirve, no, si no te obliga a actuar, si no cambia tus conversaciones, si no modifica tus decisiones, si no te hace soltar algo, si no te cuesta, si no te rompe una versión vieja de ti, si no hace nada de eso, sigues en el umbral. Y ya sabes que no se cruza entendiendo.