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Parte 6 de 10 · El que se sale de la fila

Desde la orilla del abismo

3 min de lectura

Estos textos sueltos no están escritos desde la cima de una gran carrera, o de éxitos palpables y tangibles, están escritos desde la orilla del abismo, desde el umbral donde el self se debate entre lo que aprendió a ser y lo que realmente es.

La mayor parte de estos textos sueltos que he publicado y seguiré publicando, están escritos desde la habitación de un hotel frente al mar Caribe, con las olas rompiendo allá afuera, pero como si también quisieran romper dentro de mí, no me contengo, no sé qué hacer, se siente raro, se siente vacío, se siente ardor y solo se me ocurrió sentarme a escribir, algo que por cierto me da mucho miedo, viniendo de quien vengo, es una decisión por un lado lógica, por otro aventurada y hasta subversiva, de verdad, qué puto miedo.

Podría inventarme mil historias, decir que tengo la vida resuelta, que ya crucé la meta, que tantos años de trabajo y una buena planeación me permiten ahora escribir desde la tranquilidad del éxito… pero no.

Lo hago porque siento un vacío en mi estómago, pero ¿será solo en el estómago? me suena a que está también, en el alma, por otro lado, siento opresión en el plexo solar, me tiemblan las entrañas cada que reviso mis cuentas, cada que sumo lo que gasto, cada que me atrevo a preguntar si realmente voy a llegar, pero, ¿a dónde?, ¿a dónde se supone que debo llegar para ser libre?, para no volver a trabajar por necesidad, para dejar de fingir que todo está bien cuando por dentro tengo miedo.

Yo mismo y cualquier persona desde afuera, pensaría que todo está resuelto, sé cuánto he trabajado, sé lo que he construido y lo más importante, me sé con la capacidad de construir, de crear para mí y para otros, lo he hecho, ha pasado… y aun así, por las noches, el miedo se cuela como humedad y cala hasta los huesos y me hace dudar.

Hay días en que me digo: “¡Vamos, cabrón! ¡Eres un chingón! ¡Serías muy pendejo si con la experiencia, los negocios y los recursos que tienes la cagas!”. Y al día siguiente, me pregunto: “¿Y si sí soy tan pendejo? ¿Y si sí la cago?”. Y esa lucha interna, esa montaña rusa mental, me tiene jodido.

Escribo esto no para lucirme, lo escribo para dejar constancia, trazabilidad, como buen ingeniero, y para hablarme a mí mismo, para hablarle a mis hijos, para mis socios, para mis colaboradores, para los que vienen detrás de mí y para los que, como yo, se han preguntado si todo esto vale la pena.

Escribo para contar lo que no se cuenta: lo que se siente, la ansiedad, la frustración, el cansancio, los días en que quiero tirar todo a la chingada, los días en que me odio por no sentirme suficiente y también los días en que, a pesar de todo, me levanto con los ojos rojos y el corazón firme.

Estos textos son un mapa emocional, si de algo quiero dejar constancia, es de esto:
La basura que más cuesta barrer es la que uno mismo deja pasar y yo he dejado pasar mucha, pero aquí estoy, escoba en mano, escribiendo mientras barro.