Parte 4 de 10 · El que se sale de la fila
Las medallas que nadie cuenta
De todo lo que me empujó a querer dejar esta madre, perdón, ese mundo corporativo en el que estuve años, hubo una cosa que me pesó más que cualquier otra, no ser dueño de mi tiempo, sí ya sé esa mamada tan trillada y que yo mismo cuando leo o veo que se menciona en algún lugar lo primero que hago es dudar, pero déjame profundizar.
No se trata de tener más horas libres, ni de vivir en la playa con una laptop -aunque estaría con madre-, eso es marketing barato, lo que yo buscaba era algo más jodido de conseguir:
tiempo con sentido, tiempo que no se mida en minutos, sino en momentos que te hagan sentir vivo.
En ese profundizar y pensar me di cuenta que ganar dinero sin poder comprar tiempo… es una trampa, una trampa elegante, disfrazada de éxito, de rango, de respeto, pero trampa al fin.
Y ojo: yo era feliz, por años, lo fui. Disfruté cada logro, cada medalla, cada madrugada solucionando fallas, pero con el tiempo también llegué a saber que la felicidad no siempre es plenitud, con base en el desarrollo interno, la confrontación conmigo mismo, los libros, las preguntas que duelen, llegué a esa reflexión que la siento como un nuevo despertar, uno donde aceptas que puedes amar algo… y, aun así, ya no querer quedarte ahí.
Claro que el miedo te muerde: las colegiaturas, los médicos, los que te ven como proveedor eterno, esa es un ancla muy jodida y la que a mí más me costó soltar.
En ese punto me di cuenta de algo, esas medallas internas que te cuelgan, que te cuelgas… ya no brillan igual.
Como aquella vez que iba en carretera a vacaciones y tuve que regresarme por una falla, o esa Navidad, que apenas bajé las maletas, las volví a subir, y otra vez al trabajo, a ser el héroe.
Antes esas cosas me hinchaban el pecho, pero hoy las veo por lo que son:
Medallas llenas de muertos, muertos de tiempo, muertos de vida, muertos de momentos que nunca volverán.
Y ojo con esto, es muy claro que cuando emprendes, cuando haces lo tuyo… siempre vas a tener menos tiempo “libre”, pero todo tu tiempo se vuelve tiempo con sentido, ese tiempo que te cansa distinto, no porque hagas menos, sino porque haces más de lo que prende tu alma, de lo que amas, de lo que te hace decir, sí… es por aquí.
Así que por fin entendí que esas medallas que tanto celebran, que tanto celebras… nadie te las cuenta, solo tú sabes el precio y yo, ya no quiero pagarlo más.