Parte 2 de 2 · Cuando la crisis eres tú
La carta que escribí cuando la crisis era yo
Documento original, leído en la reunión donde inauguré una nueva etapa con mi gente
Ayer publiqué un post sobre comunicar cuando la crisis eres tú —no la del negocio, no la del cliente, no la del equipo, sino la tuya. Hablé de cómo, después de salir del corporativo, me evadí en mis proyectos y dejé de comunicar a mi gente lo que estaba pasando conmigo. Hablé también de cómo, gracias al coaching, aprendí a hacer dos cosas a la vez: estructurar mi nueva vida y comunicarla a quienes operaban conmigo.
Hoy quiero compartir, tal cual, lo que escribí entonces.
Esta es la carta que leí en la reunión grupal donde inauguramos esa nueva etapa. La leí a mi gente cercana. Y la comparto aquí sin retoques porque creo que algunas cosas pierden fuerza si se editan después.
Una aclaración: esta carta sí aparece firmada con mi nombre, a diferencia de los posts que comparto habitualmente. La razón es simple: en su momento fue documento firmado, y respetar la firma original es respetar el documento. Sería trampa quitársela hoy.
EL RUMBO EMPIEZA ADENTRO
No te escribo como tu jefe, socio, mentor o líder. Te escribo como alguien que muchas veces se ha sentido perdido.
Hubo un tiempo en el que creí que el rumbo estaba en el título, en el sueldo, en el reconocimiento. Pero lo que encontré fue ruido.
Trabajé en una gran empresa que me dio estructura, orgullo y disciplina, sí… pero también me enseñó lo fácil que es perder el suelo cuando uno confunde éxito con propósito.
Durante años trabajé sin pausa, y me llené de gastos pendejos y vida superflua para llenar vacíos, mareado por una posición que nunca fue realmente mía. Tuve que soltar esa comodidad para entender que lo mío no era el poder, ni la silla, ni el aplauso.
Lo mío era el sentido. Y ese sentido tomó forma en algo que sí es mío porque tiene mucho de mí: VÉRTICE AC.
La brújula y el sentido
Nadie puede decirte hacia dónde ir. Tu brújula no está afuera: está dentro. Y cuando empieces a escucharla, no esperes comodidad. Te va a incomodar, te va a poner en duda, pero también te va a mostrar el camino correcto.
¿Y qué es el sentido?
No es una frase bonita ni un “algún día”. Es la respuesta honesta al para qué haces lo que haces. Es lo que te mantiene de pie cuando el cansancio te dobla. Es aquello por lo que estás dispuesto a renunciar y también a soportar.
El sentido se calibra con cuatro variables que casi nadie mira de frente: tiempo, atención, dinero e incomodidad.
– Tiempo: lo que eliges no volver a desperdiciar. – Atención: a qué le das tu foco cuando nadie te ve. – Dinero: lo que dejas de comprar para poder construir. – Incomodidad: los precios que aceptas pagar para crecer sin traicionarte.
Cuando tu brújula y tu sentido están alineados, aparece una paz rara: no porque la vida se vuelva fácil, sino porque cada paso tiene dirección. Y sí, habrá dudas. Pero ya no te paralizan: te corrigen la ruta.
No busques copiar mis “ventajas injustas”. Encuentra las tuyas.
No busques mis respuestas. Encuentra tus preguntas correctas.
No busques mi camino. Hazte responsable del tuyo.
Te regalo este libro para que encuentres el porqué, y esta agenda para que diseñes el cómo. Pero lo importante no está en ninguno de los dos: está en ti.
Si alguna vez te pierdes, vuelve a lo básico: respira, escribe tres líneas de verdad en tu agenda, y pregúntate: ¿esto que hago hoy me acerca o me aleja de mi sentido?
Si la respuesta es “me aleja”, corrige.
Si es “me acerca”, sostén.
Que nunca te falte rumbo. Nos vemos en el camino.
Alejandro Aldán Ceballos
Releo esta carta hoy y veo lo que en su momento no podía ver con tanta claridad: era el primer documento donde dejaba de operar como ejecutivo y empezaba a operar como dueño de mi propia vida.
Lo comparto porque a veces lo que escribimos en los momentos difíciles termina siendo, sin que lo sepamos, el manifiesto desde el que vamos a vivir lo que sigue.