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Las reglas también se vencen

3 min de lectura

¿Cuándo fue la última vez que revisaste si las reglas con las que operas tu equipo todavía tienen sentido?

Más allá de si se cumplen, hay que revisar si todavía tienen sentido.

Hay una diferencia enorme entre esas dos cosas, la primera te dice si tu gente está siguiendo las reglas y la segunda te dice si las reglas siguen siendo las correctas para el negocio que tienes hoy, no para el que tenías cuando las pusiste.

Hace unos días estaba en sesión con un cliente, revisando cómo compensa a su colaborador más estratégico, el que carga con la operación técnica, el que más impacta en los resultados, encontramos algo que se repite en casi todos los negocios que han crecido de manera orgánica.

El sistema de compensación lo diseñó cuando el negocio era de otro tamaño.

Funcionó en su momento, tenía sentido entonces, pero el negocio creció, los proyectos crecieron, la responsabilidad del colaborador creció y las reglas se quedaron donde estaban. Hoy ese sistema no está midiendo lo que debería medir, no está alineando lo que debería alinear, y cuando algo sale mal, nadie tiene un argumento objetivo solo percepciones, solo “según yo.”

Eso no es culpa del colaborador ni del dueño. Es lo que pasa cuando las reglas se quedan y el negocio se mueve.

Escribí hace poco que los sistemas también se vencen. Y es verdad, pero un riesgo oculto es que las cosas no fallan o se vencen de golpe, no en este caso pues el sistema que sigue funcionando, en apariencia, mientras por debajo ya no está produciendo lo que necesitas.

El bono que se paga cada mes, la reunión que se hace cada semana, todo sigue operando, pero si no lo revisas con la pregunta correcta, puede estar midiendo cosas que ya no importan, premiando comportamientos que ya no necesitas, ignorando exactamente lo que más te debería importar hoy.

Una empresa no es una máquina, es un grupo de personas y un grupo de personas es un ente vivo. Crece, cambia, evoluciona, a veces retrocede, los clientes cambian, los proyectos cambian, las prioridades cambian y las reglas que no se actualizan con ese movimiento se convierten en fotografías de un momento que ya pasó.

Lo que le propuse a este dueño antes de un nuevo esquema de bonificación, fue que nos preguntáramos ¿Qué necesitas que tu colaborador estratégico voltee a ver? ¿Qué resultado, qué indicador, qué comportamiento es el que más impacta en el negocio hoy, no hace dos años, hoy?

Porque un bono bien diseñado no es un premio, es lenguaje y el lenguaje, crea realidades, le dice a tu gente qué es lo que de verdad importa, qué es lo que el negocio necesita que ellos empujen. Si ese lenguaje está desactualizado, estás hablando de una empresa que ya no existe y tu gente, está respondiendo a esa conversación vieja.

Esto no requiere un rediseño completo ni una consultoría de seis meses, requiere la disciplina de hacer la pregunta correcta cada cierto tiempo.

¿Las reglas que tengo hoy corresponden al negocio que tengo hoy?

Si la respuesta tarda en llegar, ya tienes la respuesta.

El problema no es lo que haces. Es desde dónde lo haces.