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No vemos las cosas como son, las vemos como somos

4 min de lectura

Hay una frase que repito muy seguido, en consultoría, la meto en conversaciones, la uso cuando alguien llega con un problema que cree que es del mercado y resulta que es de él.

No vemos las cosas como son, las vemos como somos.

Estoy estudiando algo nuevo y me pusieron a leer a Rafael Echeverría. Y ahí estaba la frase, dicha de otra manera, con mucha base filosófica encima: “No sabemos cómo las cosas son. Solo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos.”

Y esto para mí es la descripción más fría precisa de por qué la mayoría de los dueños de negocio se topan con la misma pared una y otra vez, aunque cambien de negocio, de socio, de mercado o de ciudad.

Lo que Echeverría llama “el observador” es el concepto que más me importa de todo lo que le he leído hasta ahora.

No es tu biografía, no es tu currículum, no es lo que estudiaste ni lo que has vivido.

El observador es el lugar exacto desde el cual interpretas lo que ves, lo que consideras posible, lo que toleras, lo que decides, es el lente pues. Y el problema es que la mayoría opera con un lente que no ha cambiado en años, aunque todo lo demás sí haya cambiado.

Por eso escuchas en las mesas de negocios las mismas frases de siempre. “Es que yo soy así.” “El mercado está contraído.” “La gente de ahora ya no quiere trabajar.” Y ojo, no las dicen para quejarse, las dicen como verdades fijas, como si estuvieran describiendo la realidad en lugar de estar describiendo su lente.

Y mientras crean que están describiendo la realidad, no van a cambiar nada, porque ¿para qué cambias tú si el problema está afuera?

En mis conversaciones con la gente lo veo seguido, es gente brillante, con experiencia, con recursos, con un negocio que funciona y aun así algo no jala. Ganan dinero pero no tienen paz, construyen equipos pero no sueltan, crecen pero se sienten más atrapados que antes.

Y cuando rascas un poco, siempre aparece lo mismo: el observador no se ha actualizado.

Siguen operando desde un lente viejo. “Valgo si resuelvo.” “Si no controlo, se cae.” “Si delego y sale mal, quedo como pendejo.” Y esto no son pensamientos que tienen, son la estructura desde la que miran todo y como no vemos las cosas como son, sino como somos, su mundo entero se organiza para confirmarles que tienen razón y por eso el equipo falla justo cuando sueltan, el socio los decepciona justo cuando confían, el negocio los necesita justo cuando quieren parar.

No es mala suerte, es el observador produciendo los resultados que conoce.

Echeverría lo dice así: “La acción genera ser.” No hay una esencia fija que te condene a repetir los mismos patrones, pero tampoco se cambia leyendo, se cambia actuando desde un lugar distinto.

Aquí es donde Echeverría y lo que yo trabajo se cruzan de manera que no puedo ignorar.

La Ontología en Acción no es un módulo de mi sistema, es el eje que atraviesa todo, sin él, los demás marcos solo serían herramientas que se usan desde el mismo observador de siempre y si el observador no cambia, las herramientas no cambian los resultados, cambian la forma, no el fondo.

Lo he visto demasiadas veces, lo he vivido incluso, llenas el Canvas impecablemente y sigues tomando las mismas decisiones, armas el plan financiero a diez años y sigues gastando desde el mismo miedo, contratas un equipo nuevo y lo gestionas igual que al anterior.

Porque el problema nunca fue la herramienta, fue el lugar desde donde la operabas.

Eso es lo que Echeverría llama observador y eso es lo que en mi sistema es el eje que no se puede saltar, no por orden metodológico, por pura puta realidad.

Si no tocas el observador, todo lo demás son mamadas.

La próxima vez que tengas un problema que parece no tener solución, en el negocio, en el equipo, en el dinero, donde sea, para un momento.

Deja de mirar el problema, mira al cabrón que lo está observando.

Porque el límite de tu negocio no es el mercado, no es el capital, no es el producto.

Eres tú, el observador que eres hoy, el lente con el que miras todo.

Y eso, a diferencia del mercado, sí lo puedes cambiar.